Actividades Centro Ailim septiembre y octubre 2018

ACTIVIDADES

Miércoles 12 septiembre 19:00-20:30 h
Conferencia: “Introducción cursos Flores Bach, Terapia Transpersonal, Regresión-Rebirthing, Constelaciones + Meditación con cuencos cuarzo”. Juanjo Hervás. Gratuita.
Sábado 15 septiembre 9:30-14:00 h
Taller: “Constelaciones Familiares y Prenatales”
Constelar: 45 € Participar sin constelar: 10 €
Miércoles 19 septiembre 16:30-20:30 h
Curso básico “Flores Bach y Técnica Metamórfica” 50€
Fin de semana 22-23 septiembre 9:00-19:00 h/9:00-14:00 h
Curso monográfico Constelaciones Familiares “Familia origen, familia fundacional, relaciones pareja, hijos, pérdidas y separaciones” 160 € /Alumnos:140 €
Martes 25 septiembre 18:30-20:30 h
Taller: “Aceites esenciales y Aromaterapia” Gratuito
Fin semana 6-7 octubre 9:00-19:00/9:00-14:00 h
Inicio Curso: “Terapia Holística-Transpersonal: Constelaciones Familiares, Regresión, Rebirthing” 160 €
Miércoles 17 octubre 19:30-20:30 h
Meditación: “el viaje de la vida”. Gratuita
Fin de semana 19-21 octubre (residencial)
Taller terapéutico: “En busca de la felicidad”. Con PNL, Rebirthing, Transgeneracional, Constelaciones, Proyecto Sentido
Miércoles 24 octubre 17:00-20:30 h
Curso: “Iniciación terapia sonido: cuencos, diapasones, canto armónicos, viaje sonoro”. 40 €

 

TERAPIAS EN OFERTA MES SEPT./OCT.
Técnica Metamórfica + Test Flores Bach 1h 30 €
Reiki 1 hora 30 €
Biorresonancia con Quantum Scio 1 hora 15 m 30 €
Viaje sonoro con cuencos cuarzo, tibetanos,
alquímicos y otros instrumentos 1 h 30 €
Armonización energética con cromoterapia
frecuencial y terapia de sonido 1 hora 30 €
Reflexoterapia podal armonizadora 50 minutos 25 €
Biodescodificación (1ª consulta) 1 hora 35 €
Importante:
Todas las actividades y terapias requieren cita previa. En
algunos talleres es preciso hacer depósito de una reserva.

Avda. Pablo Neruda, 120, local 1
917776672 info@ailim.es    http://www.ailim.es

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Biodescodificación y Esencias Florales

 

Ya Hipócrates afirmaba que “el cuerpo crea una enfermedad para curarse” y, evidentemente, debe ser de algo que necesariamente es peor que esa enfermedad,  de lo cual no tenemos conciencia y cuya solución de supervivencia está en esa respuesta biológica. Esta es la propuesta de la biodescodificación: la enfermedad es útil,  vital y con un sentido biológico.

En la historia moderna, la biodescodificación se inicia con el Dr. Hamer que tras la muerte de su hijo vio cómo su mujer desarrollaba un cáncer de ovario y él un cáncer de testículo. No podía tratarse de una simple casualidad y a través de la gestión y exteriorización de sus emociones curó su cáncer de testículo.

Después inició un trabajo de investigación con sus pacientes y encontró una relación entre sus síntomas y sus emociones. En las imágenes del escáner  descubrió una correspondencia entre el lugar del cerebro en que se reflejaba el órgano afectado, donde aparecía una mancha, y el propio órgano/tejido en que se manifestaba la enfermedad. Los síntomas se relacionaban con la función del órgano y con la capa embrionaria de la que derivaba el tejido correspondiente y el sentido que ésta última tenía en la evolución.

Otros investigadores y terapeutas en diferentes campos completarían posteriormente, en la práctica clínica,  las investigaciones de Hamer para dar forma a la actual metodología de la descodificación biológica de las enfermedades.

Básicamente, la biodescodificación viene a decir que en el origen de todo síntoma hay un bioshock, para el que no hubo una solución  satisfactoria y que programó una respuesta biológica ante la posible repetición futura de un evento semejante, para garantizar la supervivencia del individuo ante el stress generado. Ese “desencadenante” por la nueva vivencia, analógica al impacto original, es la enfermedad, que trata de impedir la repetición del drama experimentado en soledad en su génesis. Si somos capaces de hacer la lectura metafórica de los síntomas y generar en el paciente  un “resentir”, es decir, un volver a sentir consciente de lo experimentado en el bioshock, podemos conseguir la integración del proceso y el restablecimiento del equilibrio psico-biológico.

Por otro lado, Edward Bach, desarrolló una suerte de “psicoterapia medicamentosa”, a través de sus remedios florales,  con el objetivo de ayudar, con la fuerza de la Naturaleza y de una manera fácil, accesible y no invasiva, a generar en el ser humano la consciencia que le permita trascender los patrones que le alejan de su luz interior,  le impiden la verdadera felicidad, el bienestar, la armonía en sus relaciones con el mundo y el alcance de su propósito vital.

Bach entendía que el cuerpo era un verdadero mensajero del espíritu y que revelaba, con sus síntomas, los conflictos internos. Sintió que a través de la energía sutil expresada en las flores, como parte más elevada de la planta, el ser humano podía tomar conciencia de la simbología de esos síntomas y del desequilibrio emocional que representaban. De todos es sabido como en su labor médica usaba las esencias florales para ayudar a las personas a salir de sus enfermedades y a evolucionar, aprendiendo lo que éstas les mostraban y realizando cambios en sus actitudes ante la vida. Por tanto, podemos pensar que, en cierta medida, actuaba como un “descodificador” de los síntomas corporales para traducirlos en sus bloqueos emocionales originales y apoyar con las esencias en su consciencia, contactar con los recursos internos curativos y potenciar el cambio de actitud que consolidara el reequilibrio. Y eso es lo que también, en suma, realizan los protocolos de la biodescodificación.

De esta manera es que podemos pensar que la utilización de las esencias florales, en sus signaturas,  podría ser un canal útil para facilitar a la persona la concienciación del sentido de su enfermedad, encontrar el bioshock original y poder disolver los síntomas. Veamos un ejemplo al respecto:

  • Una mujer que presenta un eccema crónico en el pecho izquierdo, cuya hipótesis de biodescodificación es: “me siento separada del contacto con…” y, en este caso, al ser el pecho izquierdo, podemos pensar en la figura de los hijos. Le damos a tomar Chicory (que representa la búsqueda compulsiva y demandante de la cercanía de aquellos de quienes se preocupan, especialmente los hijos) y al pedir que conecte con sus conflictos de separación nos habla emocionada de la relación con su hijo adolescente, con el que mantiene un tira y afloja constante, que la hace sentir que se aleja de ella. El eccema viene a representar que como no siento el contacto con mi hijo, afino la piel para facilitarlo y cuando se realiza el encuentro, reparo y formo el eccema. Después le podríamos dar  Star of Bethlehem para encontrar el origen del bioshock en el trabajo en la línea del tiempo y hallar, por ejemplo,  un conflicto de separación con la madre durante el nacimiento. Con Crab Apple (regeneración de la piel) y Walnut (desapego y cambio), más las anteriores, tomadas durante un tiempo realizamos la integración y liberación del conflicto y el eccema terminaría por desaparecer.

Vemos aquí la utilidad de combinar ambas terapéuticas en un proceso creativo que acelere la respuesta consciente y curativa del paciente y como, cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón a nuevas posibilidades, crecemos en sabiduría. Te invito, pues, a ser creativo con lo que crees que sabes.

Juan José Hervás Martín

Terapeuta Holístico y Transpersonal

Centro Ailim

www.ailim.es

 

Influencias prenatales en el comportamiento y esencias florales

“Somos, en esencia, la conciencia desarrollada durante la gestación, como resultado de todas las influencias presentes en la concepción”                                Gastón St. Pierre

El desarrollo de la técnica instrumental de exploración médica en los últimos decenios, especialmente las ecografías en tres y cuatro dimensiones, está dando sustrato científico a lo que diversas corrientes terapéuticas, filosóficas y espirituales, desde la observación empírica, manifestaban mucho tiempo atrás: la conciencia está presente en el ser humano mucho antes de su llegada al mundo exterior, tras el nacimiento.

Numerosos estudios muestran como, durante los nueve meses de gestación y en el nacimiento, impactarán sucesos sobre el ser en evolución que van a conformar sus estructuras básicas a nivel físico, mental, emocional y de comportamiento que se verán consolidadas o atenuadas después, en relación a lo que ocurra fuera del útero, especialmente durante la primera infancia. El feto es un ser sintiente,  abierto a la influencia de todo lo que le rodea y en el que se pueden  llegar a activar o desactivar múltiples conexiones neuronales o, incluso, información genética implícita en el ADN.

Vamos a centrarnos aquí en las características de  nueve personalidades básicas de los seres humanos, asociándolas con determinadas influencias de la vida prenatal o nacimiento y con algunas de las esencias florales encontradas por el doctor Edward Bach.

  1. Perfeccionista: necesita hacer todo perfecto, repararlo todo, ve imperfección en todos lados. Miran al mundo como injusto y necesitado de mejora.

El origen de esta personalidad está en un nacimiento con grandes expectativas. El bebé es muy deseado y amado y los padres lo necesitan para sentir su vida  perfecta y así ser felices. Otras veces surge por nacer con problemas físicos.

Esencias florales que lo representan: ROCK WATER, VERVAIN

  1. Ayudador: proviene de una madre que necesita ayuda personal o compensación por el padre ausente física o emocionalmente. Se puede tomar al bebé como solución a la necesidad de la madre.

No tienen infancia propia porque se encargan de cuidar a la madre y después a todas las personas que estén alrededor. Así recibirán el amor que necesitan. Si nadie las necesita se sienten mal.

Esencias florales que lo representan: CENTAURY, ELM

  1. Actor-Performance-Hacedor: sufren mucho en el nacimiento y, como compensación, se enfocan en conseguir resultados y atención. Tienen un sentimiento de “no puedo lograrlo”. También surge de un nacimiento muy fácil donde se es el centro de atención y se quiere que todo el mundo te vea cuando logras resultados.

Esencias florales que lo representan: HEATHER, CHICORY

  1. Romántico: el poeta, el que siente las cosas más intensamente. Sentimientos de no pertenecer a esta vida.

Su nacimiento tiene mucha “pena asociada”. Puede ser alguna muerte u otra forma de pérdida o abandono. También sentir que se nace en el momento o lugar equivocado. O como compensación por la represión del sentir por los padres.

Esencias florales que lo representan: MIMULUS, MUSTARD, CLEMATIS

  1. Antisocial o ermitaño: necesita estar mucho tiempo solo. Siente que la gente succiona su energía. Observadores, monjes, meditadores. No se atan, tienen dificultades en la intimidad.

Puede venir de un nacimiento prematuro, incubadora o algún tipo de forma de separación de la madre, desarrollando un sentimiento de estar solo en el mundo. También surge en la compensación por un nacimiento con mucho dolor.

Esencias florales que lo representan: WATER VIOLET

  1. Optimista o hedonista: siempre está feliz y sintiendo el placer de la vida. Ve el vaso más lleno que vacío. Si hay un problema lo niega. No quiere mirar al ayer por su felicidad por el futuro.

Nacen de una madre muy feliz, con un nacimiento muy placentero y aceptado. Algunas veces vienen del nacimiento “extático”, con un orgasmo.

El otro lado es que su felicidad puede ser una compensación para la depresión familiar y que quieran hacer feliz a la madre, ser graciosos, intentar animarla.

Esencias florales que lo representan: AGRIMONY, CLEMATIS

  1. Jefe: se hace cargo de las situaciones. Toda la atención va hacia él. Tiene cierta confianza en tomar el mando y sentirse seguro de sí mismo.

Son bebés que llegan al mundo y ven que todo el mundo está dispuesto a apoyarles. Tienen la sensación de que son lo más importante.

A veces es la compensación por sentirse fuera de control en el nacimiento y, por tanto, tienen la necesidad de controlarlo todo para que nadie les controle a ellos.

Esencias florales que lo representan: OAK, VINE, CHERRY PLUM

  1. El buen soldado: sabe quién es el jefe y él es el segundo de a bordo. Es leal y sigue las órdenes.

Puede ser el primogénito; el padre es el capitán y le dice que tiene que encargarse del hermano pequeño. Se convierte en buen soldado, dice a los otros lo que tienen  que hacer pero las órdenes no proceden de él.

Suelen tener la mentira personal “soy un error”. Miedo a tomar decisiones por sí mismo, por lo que prefiere seguir las órdenes de la autoridad. Así, si hay un error, no es su culpa.

Esencias florales que lo representan: CENTAURY, LARCH, CERATO

  1. Pacifista: muy buenos mediadores, negociadores, diplomáticos. Odian el conflicto y ayudan al mundo, haciendo que la gente se una más.

Sienten que han nacido para solucionar los problemas de la familia, para resolver los conflictos de los padres. Suele corresponder ordinalmente al hijo del medio. Tiene que hacer feliz antes que él lo sea.

Esencias florales que lo representan: OAK, ELM, SCLERANTHUS

 

Juan José Hervás Martín

Terapeuta Transpersonal

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PROYECTO SENTIDO Y PROYECTO DE VIDA

 

La sabiduría china coloca el inicio de la existencia no en el nacimiento ni en la concepción, sino tres meses antes de ésta. Probablemente, todo lo que se sitúe en la esfera inconsciente familiar durante ese periodo previo a la concepción, ejercerá su impronta en la primera célula, que hoy sabemos que posee una conciencia en ciernes. Así, algunos vendrán al mundo para obedecer a su madre, otros para darle gusto a papá, otros para disfrutar de la vida… según haya sido la transcripción de esos fuertes deseos parentales.

Marc Fréchet, psico-oncólogo francés,  tuvo la intuición de que cuando somos concebidos ya hay algo programado. Decía que el bebé es, en este momento, un brote, pero que incluso antes de ser un brote ya era un proyecto, una idea pre-concebida que emergía con fuerza. A partir del hecho de concebir, consecuencia de una fusión celular, el sujeto sería la materialización biológica y casi un símbolo de ese “dos que son uno”. El bebé es imaginado antes de ser percibido, hablado antes de ser escuchado.

Descubrió esta noción de proyecto sentido gracias a su propia historia. Fue concebido al final de la 2ª Guerra Mundial, en 1945. Su madre tenía que ser juzgada y encarcelada por ciertos hechos poco claros acontecidos durante la guerra. Los padres de Fréchet pensaron que si ella estaba embarazada el jurado sería indulgente y las condiciones en la prisión mejores. Así que se le concibió  con esa idea, pasando los 9 meses de su vida fetal y los 9 primeros meses de recién nacido en prisión.

Este clima condicionó su vida entera. Su madre lo había tenido porque lo necesitaba, para que su vida fuera más confortable, para librarse del encierro,  pero no en un acto de amor y deseo real. Durante sus primeros meses de vida,  Fréchet estuvo rodeado de mujeres que se ocupaban de él, excepto su madre. Así,  en su vida, siempre estuvo rodeado y, al tiempo,  solo.

A su consulta casi sólo acudían mujeres y conseguía un 100% de éxito en la curación de las que padecían esclerosis en placas. Y la esclerosis múltiple, como la cárcel, es la amenaza de la inmovilidad, de la pérdida de libertad, de la dependencia,  del quedar “atrapado” en el cuerpo. Él cumplía fielmente el proyecto de “liberar a su madre de su prisión” con cada mujer que ayudaba a sanar.

Durante una terapia, la anamnesis a veces saca a la luz que el sujeto no era deseado por sí mismo, sino en función de una misión que ya se le había asignado inconscientemente, marcada con el hierro de los proyectos o conflictos de sus padres. Esto es lo que llamamos el “proyecto sentido”, a veces riqueza y, con frecuencia, cadena de la que puede ser necesario liberarse para encontrar nuestra auténtica identidad y sanar de síntomas resistentes.

En el proyecto sentido estamos en la articulación entre nuestra historia y la historia transgeneracional. Los padres nos conciben en un momento determinado de su  trayectoria y nosotros somos la solución a algo que ocurrió.

Incluso el hecho de ser concebidos corresponde a un proyecto inconsciente de los padres. El acto sexual nunca basta para explicar una concepción. La fertilidad es manejada por el deseo inconsciente, lo que explica que determinadas parejas quieran concebir y no puedan y otras que no quieren se queden embarazadas. Hay algo más fuerte que el deseo consciente y es el deseo inconsciente.

La determinación que, en nosotros,  causan los proyectos de nuestros padres,  puede ser una suerte, cuando lo que se transmite son soluciones ganadoras, soluciones de supervivencia. Pero también podemos heredar un recuerdo, una historia, secretos de familia, una solución a un conflicto… Y todo esto será, en cierta medida, limitante para nosotros puesto que seguramente estará poco adaptado a nuestro momento vital, incluso aunque fuera un valor, una creencia favorable en su origen. También cada uno de nuestros padres puede tener una petición distinta para nosotros, proyectos que se pueden contradecir entre sí y que hagan que vivamos nuestra vida así, llena de conflictos y contradicciones. Igual, la multitud de proyectos que puedan existir en cada progenitor complejizarán todavía más la historia. Y todo ello se verá reforzado con las cosas que pasen en la vida fetal, el nacimiento y la biografía infantil, para expresar, después, a lo largo de la vida adulta, el proyecto sentido parental en nuestras acciones, trabajo, relaciones, salud e, incluso, en la sexualidad, sin saber que no es nuestro propio programa vital, que seguramente hemos sepultado en el olvido. Sólo nos damos cuenta de que no somos del todo felices, que no parece que estemos realizando lo que quisiéramos, aunque no podamos evitar actuar de otra manera. De hecho, sentimos que debemos hacerlo así, aunque no tenga sentido para nosotros, porque de otra forma aparece la culpa y el dolor.

Pongamos otro ejemplo respecto al proyecto sentido parental: una mujer quería un hijo, pero su marido se negaba. La mujer se marchó, se fue a buscar otro hombre. Engañó durante tres meses a su marido, a quien aquello hacía sufrir mucho. Entonces él le dijo: “de acuerdo, tendremos un hijo, pero vuelve, porque te quiero”. La mujer aceptó y tuvieron un hijo. El proyecto sentido que el marido transmitió en su semen era: “yo habría deseado tanto que no hubiera movimiento, ni separación”. Y el niño que nació era paralítico.

Hay que distinguir muy bien la intención positiva del medio de alcanzarla. Esta es la única problemática. Para aquel hombre, la intención era que no hubiera movimiento, porque movimiento era igual a tristeza, sufrimiento y depresión. Esa era su intención positiva, aunque el medio fuera desafortunado, ya que aquel niño nunca llegó a andar.

Otra situación puede ser con respecto a los nombres de pila. Si nuestra madre nos pone el nombre de una heroína de una novela que lee, tal vez nuestra vida se parezca a la de esa heroína, porque, a través de ella, nuestra madre repara algo. O si llevamos un nombre compuesto, en el que una parte es la de uno de los progenitores y otra el nombre de un hermano u otro familiar, quizás actuemos como mediadores de los conflictos de separación, para trazar un lazo de unión entre esas dos personas que representan cada uno de los nombres. También cuando nos ponen el nombre de un familiar fallecido para ser el sustituto de esa relación perdida. Y lo que complica las cosas es que los padres suelen desconocer para qué nos concibieron, incluso aunque tomen esas decisiones lo harán desde la inconsciencia, creyendo que hay otras razones, como que, sencillamente,  les gusta ese nombre.

Dos claves, pues, para identificar el proyecto sentido van a ser la toma de conciencia de lo que ocurrió en la historia de los padres durante los nueve meses antes de la concepción y, también, el nombre de pila.

Hay un proyecto sentido que está ahí. Una vez que tomamos conciencia de él, somos libres tanto para conservarlo como para eliminarlo. Al trabajar en ello, liberamos una estructura que ha condicionado nuestra vida -incluso el sexo con el que nacemos- y después podemos ejercer el libre albedrío de una manera real, consciente y coherente. A veces una persona quiere cambiar de profesión y lo que realmente sucede es que está tratando de salir del proyecto parental y, cuando no lo consigue, es indicativo de que aquel es muy fuerte.

Cuando andamos en búsqueda de nuestro sentido de vida; cuando tenemos la impresión de que lo que estamos viviendo no es lo que deberíamos vivir; cuando nos sentimos obligados a vivir algo sin quererlo; cuando estamos bloqueados por mucha terapia o trabajo personal realizado, tal vez sea tiempo de abordar la influencia del proyecto sentido parental. Pocas veces conducimos “nuestro coche” conscientemente, con frecuencia somos los pasajeros de nuestra propia vida. El que lleva el volante es nuestro inconsciente. El trabajo terapéutico con el proyecto sentido parental nos permitirá comprender quién pilota el coche, para después poder recuperar los mandos.

Una vez que se ha soltado el proyecto parental, será preciso encontrar el propio programa que creamos para nuestra vida, para estructurarnos sobre él, si no fuera así estaríamos perdidos, pues si hay algo peor que cargar el proyecto parental es ser “un cascarón vacío”.

Todos hemos venido con un propósito,  con unas líneas maestras sobre aquello que aprender y conocerlo es básico para dejar de repetir lecciones pasadas incompletas y crecer espiritualmente, desde el merecimiento, la fuerza vital y  de autocuración para, por fin, fluir felices en la vida.

 

Juan José Hervás Martín

Terapeuta y formador holístico y transpersonal

Centro Ailim

https://www.ailim.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CAMINO DEL AMOR EN LAS RELACIONES: “YO SOY COMO TÚ”

“El objetivo del sendero es transformar tu conciencia de separación en unidad. En la unidad sólo percibimos el amor, sólo expresamos el amor, sólo somos amor.”

                                                                                                                                          Sabiduría Védica

 

Se podrían escribir libros y libros sobre el amor y, de hecho, ha sido así a lo largo de la historia; pero la verdad es que para que el amor adquiera significado, debe ser experimentado, de otra forma estaríamos hablando de palabras huecas. Encontrar una definición para el amor pasa por considerarlo como una ausencia total de miedo y como el reconocimiento de la unión completa con toda la vida. Amamos a otra persona cuando vemos que nuestros intereses no están separados de los suyos y así nos unimos a ella en lo que realmente desea. Se trata de una unión de mentes superiores y no de una simple alianza de egos.

Todos hemos tenido alguna vez percepciones fugaces de amor puro e incondicional, que hacen que, al menos, una parte de nosotros sepa de su existencia. El comienzo de esa toma de conciencia sobre el amor sucede cuando decidimos aceptar a otra persona sin emitir juicio alguno sobre ella e iniciamos el proceso de dar sin reservas mentales y sin esperar algo a cambio. De esta forma, por poner un ejemplo, el amor auténtico vendrá a significar dar sin el deseo de cambiar la actitud del otro o de transformar un estado de ánimo sombrío en otro más alegre, o ingratitud en agradecimiento. El amor verdadero se extiende libremente hacia los demás y es, en sí mismo, la propia recompensa.

Pero realmente empleamos la palabra amor con un sentido diametralmente opuesto. Suele ser dar para recibir, convirtiéndose en un toma y daca, un trato comercial, una negociación. Este hecho es especialmente obvio en las relaciones sentimentales, en las que cada miembro de la pareja ofrece al otro algo con la expectativa puesta en una devolución de lo que él o ella realmente desea. También vemos el amor condicional disfrazado de bondad en la mayor parte de las relaciones entre padres e hijos, proyectándolo al mantenimiento de una determinada conducta. Los padres con bastante frecuencia buscan una afirmación de su propia valía a través de los éxitos que consiguen sus hijos y mediante pagos de respeto. Un niño suele amar a sus padres tan sólo si consigue lo que quiere, ya sea un objeto nuevo o aprobación y halagos. Ese amor no es en absoluto permanente. Su naturaleza temporal nos hace vivir constantemente con el miedo a ser abandonados.

Por otro lado, la metamorfosis del amor condicionado a amor verdadero no pasa exactamente por el perdón, ya que éste, en el fondo, entraña que siga existiendo una cierta deuda del perdonado hacia el perdonador, aunque quede disfrazada sutilmente en un efímero sentimiento de alivio o en una afectividad “amorosa” desbordante, con abrazos y besos incluidos. Creo que, más bien, la transformación adecuada se produce en un acto de agradecimiento, es decir, cuando somos capaces de aceptar e integrar el aprendizaje, a modo de espejo, que me ofrece el otro con un acto amoroso honesto que tendría que ver con mostrarse tal y como es, sin tapujos o restricciones, aún a riesgo de no ser aceptado.  Esto me permite a mí hacer lo mismo y que no se produzcan reclamos compensatorios. Y también es cierto que, tal vez, la situación sólo pueda darse cuando previamente se ha producido un encuentro con el propio ser, en todas sus dimensiones, sin juicios morales y extendiendo un amor y respeto auténticos a lo que uno es.

En esta dimensión entraría el “yo soy como tú”, es decir, lo que veo en ti es lo que yo soy, incluso aquello que me desagrada. Esto no es nada fácil de aceptar ya que, ¿te imaginas diciendo yo soy como tú a un ladrón, a un asesino, a un maltratador o a un terrorista? Sin embargo yo siento que es preciso realizar un acto de humildad, reconociendo que dentro de mí existen todos esos personajes y muchos más. Y si no, como se justificaría todo el daño que hacemos al planeta y a la vida que lo habita; la desconsideración o la no mirada hacia los países más pobres; las guerras legales e ilegales; los engaños e infidelidades; el negocio de la enfermedad; las prácticas despiadadas con animales en las llamadas “fiestas nacionales”. Y, yendo todavía más cerca, quién no ha sustraído algunas monedas del bolso de mamá o algún objeto en un hipermercado –y si no lo has hecho, revisa si lo pensaste y el miedo a ser pillado y castigado te inhibió el deseo-; quién no ha levantado de forma violenta la voz incluso a alguien querido o se ha visto envuelto en una discusión agresiva en la que, al menos, ha pasado por la mente el deseo de agredir a ese que nos ataca aparentemente; quién no ha deseado ver muertos a los terroristas después de alguna matanza, aunque sea en un pensamiento fugaz. Cierto es que podrías decirme, ¡pero no lo he llegado hacer y esa es la diferencia!

Muchas veces el miedo o el sentimiento de culpa nos protegen de invadir los espacios de los otros. La moral social establecida que obedientemente acatamos muchos nos inhibe de actuar todos nuestros deseos. Pero la verdad es que el deseo está ahí y no deja de ser más que una manifestación de que todavía no soy capaz de estar en el amor incondicional; de que todavía no puedo aceptarte y dejarte ser; de que aún no te veo como yo soy. Y, sinceramente, pienso que fortalezco la existencia de aquello que rechazo por el simple hecho de enfocarlo como algo distinto a mí; por la incapacidad de agradecerle aquella parte de mí mismo que me muestra. En el fondo es egoísta y vanidoso pensar que la vida es tan imperfecta como para que todo lo “aparentemente malo” que vemos en el otro y en el mundo, en definitiva, no sea necesario y deba ser erradicado. El amor nos dice que yo soy parte de todo cuanto veo, porque todo esta unido en una misma cosa. Y ahí podríamos establecer un nuevo axioma que sucede cuando a la frase mencionada le quitamos el “como”: “yo soy tú”; dando pié a una importante meditación que expresa la conciencia de la unidad cósmica, la ilusión de la separación de la materia que la física cuántica actual está demostrando.

El trabajo de Constelaciones Familiares está mostrando como para que una relación funcione debemos mirar a nuestros padres y el resto de nuestros antepasados y reconocerles, aceptando y agradeciendo su lugar en nuestras vidas. Es el primer paso para hacerlo también  con los demás seres que están en la historia personal. Este trabajo nos enseña además que todo lo hacemos por amor y lealtad, incluso aquello “moralmente malo” con lo que atacamos a otros o a nosotros mismos.

Cuando doy amor, mi preocupación no está en la conducta propia ni en la de la otra persona. Me siento cómodo y observo como hago las cosas con naturalidad porque reconozco que el amor es mi estado natural. No tengo conciencia de límites. No cuestiono la posibilidad de lo bueno y no estoy en modo alguno preocupado por el tiempo. Soy consciente del momento presente y de todo lo que contiene. Cuando extiendo el amor, soy libre y estoy en paz. La sanación de la actitud nos muestra el modo en que podemos permitirnos experimentar este tipo de amor, el único que existe.

Para amar debo reconocer lo que existe en común entre todos los seres vivientes –sea cual sea su manifestación y su grado de desarrollo en la escala evolutiva- y yo mismo. El amor que hay en nosotros puede unirse entonces al amor de los demás y generar relaciones auténticas basadas en la tolerancia y el respeto. Ese será entonces el inicio de la construcción de una verdadera y única sociedad armónica.

 

Juan José Hervás Martín

Terapeuta y co-director del Centro Naturista Ailim